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Un mundo de comunicaciones que nos alejan
The Avalanches

Sacá el Aleatorio
Por Iván Jiménez
Un newsletter de música.
Buen día, mon ami, ¿cómo estás hoy?
Perdoná el faltazo la semana pasada. Es difícil esto de ordenarse en la vida adulta: todo es para ya y todo demanda atención total y orden y responsabilidad, y a veces uno sólo quiere dormir la siesta y jugar a la compu y ser feliz. Aún así, cada vez que no escribo este newsletter lo extraño mucho, así que volvamos con alegría y hagamos de cuenta que no ha pasado nada.
El disco de hoy me lo pasó mi mejor amiga Nati, con las palabras clave que tiene que tener cualquier recomendación: "a vos te va a gustar", dijo y me convenció.

Qué es
Un DJ-set que en realidad es un disco, arranca en pop psicomístico y se convierte en electrónica, funk y hasta hip hop, todo con un tinte emotivo y onírico.
Quién es
The Avalanches es un grupo de música electrónica australiano que saltó a la fama como precursor de la sampledelia, o sea, música basada en el uso de samples (grabaciones no originales) usadas de forma psicodélica.
Por qué está bueno
Tardé un poquito en entender este disco después de escucharlo por primera vez. Las canciones fluyen de la una a la otra sin hacer mucho espamento y casi sin importarles demasiado. No hay estribillos ni ganchos pop memorables, y capaz no te das ni cuenta y ya estás en el décimo track, pensando "¿cuándo pasaron todos estos temas?". A vos y muchos una obra así, sin singles, sin hits, puede llegar a parecerles aburrida, y jamás discutiría ese criterio. Las reglas de lo pop a veces demandan que una canción tiene que serlo todo: entrada, plato principal, vino y postre. Y en este disco los tracks a veces son un único sabor, una frutilla, una galletita o un café, y hay que apreciarlos así, sin exigirles más.
Por su forma, We Will Always Love You se parece más a una playlist que a un disco. No hay un cantante fijo, ni un género definido, sino que es más como enchufarse a una radio mundial, no sólo de música, sino de sensaciones y de sonoridades. Hay sonidos de naturaleza y de océano mezclados con bips de internet y mensajes de llamadas perdidas, casi como imagen de un mundo de comunicaciones que nos alejan y nostalgia VHS. Esa sensación de una música mundial, sin cara, los Avalanches la refuerzan llenando el disco de invitadxs a lo Gorillaz, transformando la obra en el resultado de un colectivo y no de personalidades.
En la larga lista de personas que trabajan en este disco hay cantantes, productores, músicxs y hasta raperxs, pero vuelvo a una máxima que aprendí hace un tiempo: para denominarse obra, cualquier creación tiene que poder ser más que la suma de sus influencias. Lo que me gusta de poner esto es que, en los 70 (!) minutos que dura, va hacia algún lado. Arranca lento, casi dubitativo, como si le costara decidirse o enchufarse a algo. Explora un universo de samples y de mundos sin tocar ninguno, sin animarse, y sobre la segunda mitad, entra de lleno en su parte más intensa, con hits pop casi de fiestita y coros religiosos para cerrar nuevamente en su delirio de afecto y lejanía. Como toda buena narración, al terminar de escucharlo tal vez estás en el mismo lugar, pero ya no sos el mismo.

Hojeando el librito: recomendaciones
En mi vida sufro mucho de una cosa y es que soy pésimo para escuchar lo que me recomienda la gente. Lo guardo e incluso averiguo sobre lo que me mandan, de quién es, si pertenece a alguna movida, qué lugar ocupa en la carrera del artista, etc. Pero después, al momento de efectivamente escucharlo, mil veces me pasa que prefiero poner otra cosa, o me olvido, o me queda pendiente para siempre. Desde ya, van mis disculpas a todxs mis amigxs a quienes les ignoré una recomendación.
En repetidas introspecciones busqué los por qués de esto con lo que ya no discuto, sino que lo acepto. Hasta ahora encontré dos motivos. El primero es que, admito, soy tan ególatra que me gusta sentir que las cosas las encontré yo, no que las encontró otrx por mí. Pero el segundo me parece más interesante: en un mundo donde podemos acceder a cualquier obra digitalizada en segundos y hay millones de canciones y discos en nuestra plataforma de preferencia, ya sabemos de entrada que escuchar todo lo que está bueno en el tiempo que vivamos va a ser imposible. Estoy seguro de que va a haber bocha de artistas que me encantarían, pero que jamás voy a conocer, por falta de tiempo o de ganas, y estoy en paz con eso. La duda es, ¿cómo elijo los que sí quiero conocer?
Podría ser populista y decir que con que me los recomienden mis amigxs me alcanza, pero la pila de links sin abrir que tengo en mi Whatsapp me contradiría. Lo que al final termina decidiendo si los abro o no es ese bonus semiótico que son los otros mensajes, que no son el link, sino el por qué. "Me hizo acordar a vos", "tiene que ver con lo que hablábamos", "¿no es parecido a esta otra banda?". Ahí ya no aparece un "esto está bueno así que escuchalo", para que yo después lo escuche y diga "sí, efectivamente está bueno". Eso es puramente impersonal, transaccional, sólo de reconocimiento neutro.
En la recomendación hay un deseo de que seas vos la persona que escuche específicamente eso, y cuando eso se verbaliza, yo a partir de ahí construyo otro deseo, no sólo el de escuchar y conocer, sino también de prestar atención y de disfrutar. Capaz que al final tenga que volver a una cuestión narcisista y decir que lo que me gustó no es el disco, sino mis propias ganas de que me guste. O, más optimista y social, lo podemos pensar como que lo que me gustó no es la música, sino que te tomes el tiempo de contarme por qué me la mandaste.
El silencio
Hasta acá por hoy, pipi. Gracias por leer si llegaste hasta acá, y gracias por existir.
Porfa, ya sabés, si te gusta este newsletter o el disco que mandé, compartiseló a tus amigxs que lo van a apreciar. Y quedate tranqui que, aunque ahora parezca que no, vas a poder con eso con lo que andás renegando.
Nos vemos el jueves que viene,
Iván