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Banda sonora de una resurrección
John Frusciante

Sacá el Aleatorio
Por Iván Jiménez
Un newsletter de discos.
Hola, mi pipu, ¿cómo estás?
Primerísimo que todo, perdoná la ausencia de la semana pasada. Se me juntó un examen con un atraso en otras cosas, pico de estrés y pum, angina. Ahora ya me siento mejor, gracias por preguntar.
Pero tengo algo lindo esta vez. Decidí que las entregas 10, 20, 30, etc., van a ser ediciones extendidas de este newsletter, para traerte solamente los discos que tengo más cerca del corazón. En este caso, mi favorito del artista que siento que es mi hermano mayor en un montón de sentidos. Espero que lo disfrutes, y si no tenías ganas de leer, perdón por el mucho texto.

Qué es
A ver, es rock. Creo. Hay baterías y guitarras eléctricas. Pero también hay coros celestiales y teclados eufóricos. Pasa de la psicodelia oscura a la catarsis extasiada.
Mi novia Agus lo describió mejor de lo que yo podría: "es como llorar a los gritos". Es la banda sonora de una resurrección, de una vida que nace como una tragedia y conoce la felicidad y la belleza, para volver a caer en la oscuridad total y ascender de nuevo en busca del significado de todo esto.
Quién es
John Frusciante fue, dejó de ser, volvió a ser, volvió a dejar y volvió a volver a ser (!!!) el guitarrista de los Red Hot Chili Peppers. Al menos, seguramente esa sea la razón por la que la mayoría de la gente lo conoce.
Pero además tiene una carrera solista bajo su propio nombre, en la que exploró distintos géneros (casi siempre ligados al rock o a la electrónica), fue absolutamente hiperproductivo (sacó 6 discos en un año en 2004) y consiguió algunas de las melodías y gritos que más me emocionaron en mi vida.
A mediados de los 90 fue muy adicto a la heroína. Muy. Al punto de que vendió todas sus guitarras para poder seguirse inyectando, y las que no había vendido se le quemaron en un incendio. Según él, la invitación a volver a los RHCP en 1997 le salvó la vida. Ya no tenía ni fuerzas en los brazos para tocar.
Dejó la falopa, empezó a hacer yoga, meditación, toda la bola. Delirio místico. En su música, explora mucho su historia personal, la naturaleza de la creatividad, por qué estamos en este mundo. Está convencido de que hay una quinta dimensión, la fuerza creativa, a la que nos enchufamos y que podemos canalizar en este plano. Tiene un blog donde escribe unos textos súper crípticos que en una época me gustaba leer.
Tal vez este disco suyo no sea el mejor para arrancar. Pueden probar con uno más pop, otro más rockero, uno acústico o uno más lo-fi si les interesa explorar. Pero éste es su obra maestra.
Yo siento que es mi hermano mayor, aunque sé que a él no le gustaría que alguien que no lo conoce diga esto. Me enseñó a tocar la guitarra, a cantar y a ser un ser humano en general. Y por eso lo quiero mucho.
Por qué está bueno
El Empíreo es en la teología católica medieval el más alto de los cielos. Es asimismo el sitio de la presencia plena de Dios, donde residen los ángeles y las almas acogidas en el Paraíso, así como los bienaventurados.
Este disco arranca con un solo de guitarra de 9 minutos. Sí, así como lo dije. Y en realidad, es un cover, bah, un "homenaje" a Funkadelic (Maggot Brain). Pero en su propia ley, es la introducción perfecta para este concepto, que es que estamos en otro plano, el lugar donde los dioses crean el tiempo, la luz, el destino y las almas.
La historia de The Empyrean es la historia de una vida. Específicamente, yo siempre entendí, la de la vida de John Frusciante: alguien que llega a verse a sí mismo en los pozos más profundos, en los que no queda ninguna esperanza, pero que también toca con la punta de los dedos los cielos más dulces y brillantes. Cada canción es una experiencia mundana y angelical al mismo tiempo: las estrofas y estribillos pop se cruzan con codas instrumentales eternas y solos que ojalá lo fueran. Y los teclados, la concha de mi hermana, qué bien suenan los teclados en este disco.
Una linda cosa es poder escucharlo en un cuarto donde haya silencio, con unos parlantes que tiren un buen sonido, e idealmente con poca luz y no haciendo nada más que escucharlo. Y no lo digo porque yo sea un pretencioso hdp (que sí lo soy). Es porque está producido, grabado y mezclado para ser muy dinámico, o sea que va de lo bajo a lo alto casi sin escalas, de una forma muy retro que tiene más que ver con la forma en la que se escuchaba música en los 70 que en el siglo XXI.
Y esto no es así por capricho, sino porque en este disco cada instrumento cuenta una historia. Atrás de cada nota y cada golpe hay una herida, una anécdota, un rencor, una decepción, una esperanza, un llanto o un sueño. Cada elemento de los temas es en su mundo el más importante de todos y está interpretado como tal, convirtiendo los temas en un collage de vida hermoso que no me para de sorprender ni en la centésima escucha.
Hay muchísima tristeza en este disco. Pero también está lo más lindo que podemos sentir. Y el mensaje que yo siempre interpreté es que la vida tal vez no tenga mucho tacto, y tal vez no siempre sea muy considerada con nosotros, pero te puede hacer increíblemente feliz.

El silencio
¿Llegaste hasta acá? Estás re al pedo, eh. Na, gracias por leer, por tu compañía, y por existir, que algún bien seguro le hacés al mundo.
Recordá que podés colaborar con Sacá el Aleatorio en cafecito.app/sacaelaleatorio, y que si te perdiste algunas entregas anteriores, podés encontrar un tema de cada disco en la playlist oficial para irte haciendo una idea de por dónde viene la mano.
Disfrutá de todo lo que te quede por hacer esta semana y decile te quiero a tu mamá.
Nos vemos el jueves que viene,
Iván