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El hijo pródigo de la música negra
Outkast

Sacá el Aleatorio
Por Iván Jiménez
Un newsletter de discos.
¡Feliz jueves, compañerx! ¿Cómo te trata? Acá todavía sigo muy acelerado del regreso a los shows presenciales del último fin de semana. La música en vivo todavía existe y la vida todavía tiene sentido.
En mi vida participé más veces en el debate de "cuánto tiene que durar un disco" de las que considero necesarias. Algunxs dicen que 40 minutos es lo justo, porque es lo que duraba el vinilo LP y lo que duran los discos históricos; otrxs que mientras más largo mejor; y ahora hay mucha gente que prefiere la brevedad y jamás supera la media hora. Igual que con cualquier otro medio, la época en la que se produzca el material va a determinar qué es aceptable y qué es tendencia en ese momento, pero también cada obra puede elegir salirse del estándar y proponer una experiencia distinta (por lo corta o por lo larga). Sea como sea, la diferencia de criterios genera diversidad: a veces sólo tenés 20 minutos y estás para algo cortito y al pie, y a veces justo querés dedicarle toda la mañana a un único título, y existen bocha de opciones para cada caso y para todos los intermedios.
Suban los graves y armen ahora, que se está por picar. Llegó el hip hop a este newsletter y llegó con ganas.

Qué es
La obra absoluta del hip hop sureño: los beats más profundos de los gángsters mejor vestidos de Atlanta, Georgia.
Quién es
Outkast fue un dúo estadounidense de hip hop y sí, son los de "Hey Ya!". Pero antes de eso, fueron pioneros y líderes de la escena de rap sureño en su país, y son símbolo de experimentación e innovación en el género.
Por qué está bueno
Viviendo en Argentina y siendo (la mayoría de nosotrxs) de tradición rockera, acercarse por primera vez al hip hop puede ser difícil, porque las claves del género están en otros lugares de los que estamos acostumbrados a buscar. Esa falta de familiaridad seguro surge también porque no estamos insertados y criados en el árbol completo de la música negra: los padres de lxs raperxs escuchaban funk, r&b y soul, y sus abuelos escuchaban jazz y blues. De ahí a las batallas de freestyle y al trap hay un camino directo, aunque a veces no es tan evidente.
Grabado casi sin samples y con muchísimos músicxs invitadxs, Aquemini toma lo que necesita del reggae, del soul, del jazz, del funk y de toda la historia negra, y se convierte en su hijo pródigo, despilfarrador y rebelde. La producción es infinita: la cantidad de cosas que tiene cada tema es absurda. Cada track es su propio mundo y no se repiten fórmulas ni ensambles en ningún momento del disco. Hay muchísima gente en ese estudio, desde los instrumento shasta la interminable cantidad de coros y feats que construyen este disco ya no como obra de un dúo, sino como expresión total de una historia y una cultura.
Durante una hora y cuarto (!!!) se cruzan lo fiestero con lo lúgubre para que Andre y Big Boi pasen de ser sólo dos raperos a ser cantantes, coristas, narradores, actores e intérpretes. Los skits, pequeñas escenas de la vida en el barrio y en el estudio de grabación que abren y cierran las canciones, diseñan los climas sonoros llenos de humo de cigarrillo, sillones mullidos, Cadillacs y lentes de colores, y la suma de todo es que acabo de decir conforman el que, para mí, podría ser el mejor disco de hip hop que escuché en mi vida, o al menos el más ambicioso.

El silencio
Se va otra entrega, papu. Gracias por acompañarme, y no te olvides, si te gusta lo que escuchás y lo que leés, compartiseló a unx amigx para que disfrute más gente.
Recordá que podés ayudarme a seguir haciendo este newsletter en cafecito.app/sacaelaleatorio, y que si te perdiste algunas entregas anteriores, podés encontrar un tema de cada disco en la playlist oficial para irte haciendo una idea de por dónde viene la mano.
Nos vemos el jueves que viene,
Iván