Esto no es para vos

Pearl Jam

Sacá el Aleatorio
Por Iván Jiménez
Un newsletter de música.

Wen día, mi bizcochito de arroz. ¿Cómo te trata esta mañana de jueves?

Hoy le quiero hacer un mínimo pero necesario homenaje a mi yo adolescente, un pibe enojado, hormonal e inocente que se bañaba menos que ahora y que, gracias a internet y a la piratería, encontró un montón de bandas que decían cosas que le gustaban.Anécdota: en abril de 2013 yo tenía 16 años y ya me había resignado a que no iba a ir a ver a Pearl Jam en el Pepsi Music de ese año. Mis amigxs (instigados por mi siempre preferida, Nati) hicieron una vaquita y me regalaron una entrada un mes antes de mi cumpleaños, en un sobre muy bonito que tenía una frase de Bee Girl: "you know time is long and life is short, begin to live while you still can".

En ese show, mientras tocaban los Black Keys y justo antes de que empiece PJ, me bajó la presión y vomité, no sé si a causa de que había comido sólo dos empanadas o porque no me gustan mucho los Black Keys. Me llevaron atrás de la valla y quedé separado de mi grupo durante las dos horas y media de show. Siento que un poquito ese día, rodeado de miles de desconocidos pero al mismo tiempo solo, enfrentado a las canciones que me encantaban, empecé a entender que esto de la música era algo que me iba a acompañar toda la vida.

Vamos con lo nuestro.

\17
Vitalogy
Pearl Jam 🇺🇸
1994
55 min
Spotify / Youtube

Qué es

Cinco tipos tan enojados por haberse puesto de moda que quisieron hacer un disco deliberadamente agresivo y horrible para ser menos exitosos (plot twist: no lo lograron). Bronca, gritos, distorsiones, baterías, piñas, tiros, AAAAAAGH.

Quién es

Mi banda favorita.

Por qué está bueno

En el año 2021, los rockeros rebeldes pelilargos descontentos con su propio éxito son un cliché horrible, lo tengo presente. Pero para Pearl Jam en 1994 era un camino inevitable: la moda grunge había puesto en la primera plana mundial a un montón de bandas que, hasta ese momento, casi ni salían de sus ciudades de origen. El cambio de sus vidas normales a pasar años enteros seguidos de gira, dando varias notas por día, escuchando hablar sobre ellos a medios conservadores que no los entendían, firmando autógrafos todos los días para fans que no los respetaban, los volvió locos. Empezaron a odiarse a entre ellos, a su música y a su propia banda. En ese clima de descontento con el mundo y consigo mismos nace este disco.

Un poco me hace acordar a esos días que te levantás cruzado, no sabés por qué, y buscás pelea con quien sea, que no tiene nada que ver, que no te hizo nada. La temperatura te empieza a calentar la cabeza y las orejas y te encantaría poder revolear cosas por la ventana, te tapás la boca y gritás fuerte, pero no alcanza. Como ese amigo al que querés ayudar y aconsejar y te manda a la mierda, PJ lo dice clarito en Not for you: "esto no es para vos". Salí de acá, no queremos que escuches, dejá de escuchar este disco, dejá de venir a ver a nuestra banda. Es una declaración de principios: si no te bancás esto, entonces no te queremos entre nuestros fans.

La banda que hasta ese momento era de lo más tradicional de su escena adoptó lo horrible como ethos: las armonías se vuelven disonantes, las baterías estruendosas más allá de lo deseable y la voz de Eddie Vedder tira unos alaridos que espantarían a cualquier profesor de canto. Todo esto, vale aclarar, a mí me encanta, me violenta. La manija y la potencia se transmiten y se esparcen de tema a tema, y en medio de ese caos, lo que le termina de dar claridad al disco son tres baladas, en los tres momentos en los que se permite ser vulnerable. Atrás de cualquier enojo hay una herida, y como dice la teoría de las etapas del duelo, después del enojo siempre viene la aceptación.

Hojeando el librito: gritá, nene

Cuando empecé a cantar en mi primera banda, tendía a imitar a los rockeros que me gustaban y raspaba la voz, me ponía a gritar como un desesperado y me hacía mierda la garganta al punto de que para los últimos temas ya no podía emitir casi ninguna nota. A muchas personas no les gustaba, creo que a mí mismo no me gustaría hoy. Yo sabía que había una técnica ideal que se podía aprender y respetar, pero lo último que quería era sonar como los pibes de Glee, perfecto e inerte, "voz de comedia musical". Recién con el tiempo entendí que era una cuestión de autoconservación: rasparse constantemente como un boludo, ir hasta el fondo sin medirse te arruinaba la voz, te dejaba cansado los días siguientes, y potencialmente te la iba a hacer perder para siempre como Mostaza Merlo.

Los años siguientes, ya más grande, empecé a querer mejorar y cuidarme un poquito. Pero me encontré con dos obstáculos. El primero es que, por mucho que yo quiera practicar y mejorar, soy un poco burro y hay algunas cosas que no me salen, no lo puedo evitar. Pero el segundo es más interesante: un poco me gusta ir a romperme, a quedarme sin voz. Las notas y las palabras tienen mejor sabor cuando las grito, como cuando por fin te enojás después de hacerte tanto el buenito. Pero además, pienso: si a mí me gusta esto, en gran parte es porque me encantó verlo en otros cuando era chico, me emocionó y me sigue emocionando ver cómo dejan hasta su cuerpo, cómo se hieren y se deshacen en vivo. ¿Qué será lo lindo de hacerse mierda, que nos gusta hacerlo nosotros y verlo en otros?

Freud escribió sobre la pulsión de muerte, y aunque no lo leí, supongo que hablaba de algo así como que tenemos una tendencia a explorar los límites, a jugar con eso que nos puede dañar. Al que sí leí es a Byung-Chul Han, de quien siempre cito su definición sobre "experiencia": una experiencia es un momento que cambia al yo, a la persona, y la transforma en otra cosa. Para cambiar, como por definición no se puede seguir siendo el mismo, la persona tiene que rechazar algo de sí, y eso siempre es doloroso. Ese dolor es una muerte parcial, porque hay algo de uno que queda ahí, en el camino, y el cuerpo lastimado sigue viviendo.

Capaz así como nos gusta ver películas donde los personajes sufren tragedias y se recuperan, nos gusta escuchar canciones y ver artistas que incluyen su dolor, no sólo a nivel lírico sino de forma real: infligiéndose un poco de daño, dejando un poquito la vida de sus cuerdas vocales, experimentando su vida (y por lo tanto gastándola) a medida que nos cantan. Porque al final, si para algo están nuestros órganos es para gastarlos. ¿Cuál sería el punto de llegar a muerto con el cuerpo inmaculado?

El silencio

Uy, me extendí más de lo que quería. Disculpá si me excedí con tu ratito de mañana, y si te gustó, bueno, mejor para vos y para mí.

Mientras escribía esto me di cuenta de que, entre los dos canales (mail y Telegram), hoy somos algo así como 130 personas que efectivamente leen este newsletter cada semana. Perdoná si me emociono, pero me acuerdo que cuando lo lancé pensé "yo con que haya 10 boludxs que me lean estaría contento". Ojalá seamos muchos más y pueda seguir haciendo esto siempre, pero dure lo que dure, gracias por acompañarme y por leer. Si vos disfrutás este newsletter, te juro que yo lo hago el doble.

Nos vemos el jueves que viene,

Iván