Una religión mundial conectada a Internet

Bon Iver

Sacá el Aleatorio
Por Iván Jiménez
Un newsletter de música.

Buen día, mi pana. ¿Cómo te trata?

¡Bienvenidx a la edición 20 de este newsletter! Para festejar, hoy traigo en edición extendida uno de los primeros discos en los que pensé cuando tuve la idea. Me acompañó en una gran cantidad de formas y momentos, y por eso vamos a prestarle mucha atención y a dejarnos emocionar si hace falta.

Antes de arrancar, le quiero mandar un saludo especial al Panda y a Pato, dos grandes amigos que la música me dio directamente y a quienes amo.

\20
22, a Million
Bon Iver 🇺🇸
2016
34 min
Spotify / Youtube

Qué es

Un delirio pop electrónico de encuentro con Dios, el Diablo, el Buda, la Iluminación, el cielo, la nada o lo que sea en lo que quieras creer.

Quién es

Nunca me queda claro (y a esta altura dejo de intentar discernir) si Bon Iver es un solista llamado Justin Vernon, una banda liderada por él o un colectivo de personas encerrados durante meses en una cabaña. Sea como sea, son estadounidenses y editaron cuatro discos hasta ahora, de los cuales este es el tercero.

Por qué está bueno

Estamos acostumbrados a pensar la música clasificada en géneros, porque nos predispone a parar el oído de cierta forma, para buscar sentirnos de cierta forma o apreciar algún aspecto en particular. Desde ya te digo, este disco no es fácil de clasificar. Escuchándolo aparecen sustantivos comunes y propios como Kanye West, country, Coldplay, gospel y George Michael, pero no se parece a ninguna de esas cosas en particular, porque no es una obra de género.

A gran escala me gusta pensar que todas las obras, si bien no necesariamente significan algo, encierran siempre un misterio, algo que no termina de estar totalmente a la vista o que jamás se termina de desenredar. Lo loco de este disco es que, pese a que lo escuché incontables veces y le dediqué un gran trabajo cerebral a apreciar cada rinconcito de sus eternos 34 minutos, siento que nunca termino de llegar al fondo, nunca deja de parecer una obra extraña, fantástica.

Musicalmente, no hay una banda estable ni un instrumento primordial. Batería o drum machine, guitarras o sintetizadores, saxos o samples, voces puras y vocoders. El chiste es el contraste y en cada sección todos los trucos tienen un momento de destacar. Todas las canciones tienen un aire de balada pero no faltan los momentos de mucha intensidad y de casi violencia, venga en forma de sinte distorsionado o de un grito solo en la montaña. Las instrumentaciones se oponen buscando jamás repetirse y así se termina pareciendo más a un soundtrack que a un disco de una banda. La pregunta es, ¿soundtrack de qué?

Por mucho que yo quiera priorizar la música sobre el resto de las cosas, muchas veces una banda o un álbum me entró por los ojos primero que todo. En esos momentos se genera una sinestesia increíble en la que, muchas veces sin palabras ni anclajes claros, el cerebro asume cómo va a sonar algo por medio de un mensaje visual. No necesariamente nos imaginamos de qué género es, pero sí determinados aspectos esenciales o emocionales. Esa sinestesia es muy difícil de expresar en palabras, como si no hubiera categorías estandarizadas para invocarla con el lenguaje que la contuvieran totalmente o la terminaran de describir.

Toda la propuesta estética (musical y visual) de 22, a Million está llena de asociaciones difusas o amplias a la religión por un lado y a la informática por el otro. Sonoramente, las combinaciones entre sintetizadores y saxos evocan cielos, más allás y Nirvanas constantemente, pero se contrastan con constantes glitches, distorsiones y sonidos a máquina vieja que hacen pensar no en un paraíso natural, sino en uno conectado a Internet. A nivel visual, la tapa parodia la iconografía de todos los cultos sin referenciar directamente a ninguno, casi como una religión mundial o universal, el libro sacro primal. Los nombres de los temas están llenos de errores y caracteres especiales, que puede tener dos posibles significados: o hay una computadora que falló, o hay un ser humano encriptando un mensaje.

Quizá si tuviéramos que escribir una definición general del mundo, de nuestro mundo de seres humanos, no alcanzaría nunca un concepto preciso y delimitado porque jamás englobaría todo, incluyendo satisfactoriamente todas las aristas, diversidades y contradicciones. Supongo que definir el mundo y la humanidad sería más parecido a un collage sin demasiado sentido narrativo ni gramatical, que pudiera contener opuestos como el amor y la guerra, la paz total y la angustia aplastante, el principio y el final, el hombre y la máquina, la religión e Internet.

Yo no sé si Justin o sus compañerxs en Bon Iver pensaron en nada de esto mientras componían, producían, grababan y mezclaban este disco. Siento que no me gustaría saber en qué pensaban ni qué significa realmente, si es que tiene un significado. A la larga, creo que entre las verdaderas razones por las que las cosas suceden y las que los seres humanos inventan y construyen sobre ellas, es más lindo el arte que el mundo que retrata y son más lindas las interpretaciones que el arte mismo.

El silencio

Bueno che, suficiente delirio por hoy. Vamos que hay que trabajar.

Gracias por llegar hasta acá, mi rey o reyna. Te doy la bienvenida si sos nuevx, y si estás hace rato, ¡bienvenidx igual! Es siempre un gusto recibirte y escribirte.

Si te gustaría que este newsletter le llegara a más gente, podés hacerme un favorazo y retwittear el hilo que escribí ayer en Twitter. Me harías un favorazo y ayudarías a que este proyecto siga existiendo y creciendo.

Cuidate y cuidá a quienes querés, porfa.

Nos vemos el jueves que viene,Iván